jueves, 12 de febrero de 2009

Supremacía electoral del “ethos” sobre el “logos”

Algo tienen en común los abogados y políticos de hoy en día con los filósofos y pensadores de la Grecia Antigua. Es el uso de la retórica con fines persuasivos, el intentar convencer por medio de la palabra. Una persuasión, base de los discursos actuales, que también podemos ver en anuncios publicitarios, ya que los vendedores también tienen que hacer uso de la retórica para convencernos de que compremos una u otra cosa. Sobre todo si esa compra es innecesaria. Ahí es cuando entran en juego las diferentes maniobras de un profesional de la persuasión para vendernos algo que no necesitamos, pero que vamos a querer.
Cuando el Córax de Siracusa escribía tratados sobre retórica, que divulgaría su discípulo Tisias, seguramente no podía imaginar que en pleno siglo XXI la técnica de utilización del lenguaje que inventó con fines meramente comunicativos, pudiera seguir siendo útil para quienes quieren persuadir.
Los griegos hablaban de tres tipos de argumentos del discurso. El primero, ligado al “ethos”, se basaba en aspectos morales o afectivos. Un ejemplo de este tipo de argumento lo podemos ver en un mitin electoral, cuando el líder político se muestra sensible, sincero y simpático con el auditorio al que habla. Relacionado con el argumento anterior estaba el “pathos”. Siguiendo con el supuesto del mitin político, el líder se dirige a su masa de adeptos en un tono afectivo, de amistad y agradecimiento, y siempre calmado. Por último está el “logos”, esto es, convencer mediante el dominio de la dialéctica, la parte de la retórica que deberían mejorar nuestros políticos.

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